Una caja plástica de barrio convertida en florero.
Lo cotidiano floreciendo sin permiso.
Este diseño representa el proceso: crecer donde te pongan, usar lo que hay y hacerlo bello. Las flores salen de una caja común, pero el mensaje no lo es. Color, paciencia y resistencia, ilustrados sin prisa.
Impresión frontal en DTF y arte trasero en serigrafía, pensados para convivir con la pieza y envejecer bien con el uso. Parte del drop El Pitirre Florista, una colección sobre cultivar ideas, identidad y conciencia poco a poco, pero seguro.
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